Aparecísteis en el invierno de mi vida. No intentasteis sacarme de él a rastras como todo el mundo, simplemente os quedasteis en él conmigo dándome vuestro calor y resguardándome de los peligros del exterior. Y es que nunca me había sentido tan joven y viva como con vosotros. Tres meses a vuestro lado fueron suficientes para saber lo que era evadirse. Lloré, reí, bebí hasta perder la razón. Y eso era justo lo que necesitaba: evadirme, olvidarme de mí y mis problemas. Solo me concentraba en vosotros. No me hacíais feliz, pero hacíais que la depresión fuera llevadera. Nos ayudábamos unos a otros y eso es lo que importa en una amistad.
Ojalá pudiera expresar lo mucho que os echo de menos y lo sola que me siento. Puedo estar rodeada de gente, incluso de amigos, pero ningún grupo es como el nuestro. Con ningún grupo me he llegado a sentir tan a gusto, sin miedo a ser juzgada. En ninguno me había sentido tan querida ni tan insignificante. Ojalá pudiera volver a estar con vosotros, abrazaros, reír, escuchar vuestras penas y aliviarlas.
Ojalá pudiéramos volver a ser.